Budismo para occidentales

Budismo para occidentales

20 malentendidos muy generalizados

El interés por el budismo es grande y la oferta de literatura sobre el aprendizaje de esta teoría del Extremo Oriente, se ha hecho muy amplia. Sin embargo, los conocimientos profundos sobre el Budismo, son muy limitados, y los que existen, son muchas veces enmascarados por contrasentidos y malentendidos. Hay que considerar que muchas veces las enseñanzas budistas y los autores, contribuyen a que su difusión, pretendiendo usar una terminología de forma imparcial, dejan que las condiciones del espíritu cristiano occidental sea la base, y así no les dan correctamente el valor y el sentido budistas.

Entonces, hay que intentar aclarar ciertos malentendidos y elevar la percepción occidental, para comprender lo irreconocible.

Primer malentendido:

Los budistas creen en Buda

Lo mismo que los cristianos creen en Jesús, salvador e hijo de Dios, los budistas también creen evidentemente en Buda, el fundador de la teoría de salvación enseñada por él. Entonces, esa comprensión basada en el concepto cristiano de la fe es falsa, inexacta. El Buda no exigía ninguna fe, pero sí la introspección (la visión) y el conocimiento. Lógicamente, el Buda ha también rechazado la fe en su persona o su enseñanza. No es en lo que se cree, sino lo que se realiza por su propio esfuerzo, en sí mismo, que lleva a la liberación de la oscuridad de la ignorancia. La “fe” tiene, en el Budismo, todo el máximo sentido de la confianza (sharaddhâ) en el camino indicado por Buda y es admisible solo en el sentido de una anticipación sobre el objetivo, pero que se debe siempre controlar mas que considerar sobre su exactitud. El Budismo no es un aprendizaje del conocer, no es una religión de la fe.

Segundo malentendido:

Los budistas rezan al Buda.

El Buda goza de una alta veneración que trae ante todo una iconografía rica en su expresión. Es verdad que el Budismo de los orígenes fue una religión sin imágenes. Entonces, con el pasar de los siglos, la veneración del Buda ganó siempre más y más influencia. Este todavía no contiene ninguna adoración, puesto que el Buda no tiene naturaleza divina, ni función liberatoria alguna. La veneración de Buda es una expresión de veneración por el principio de esclarecimiento, y no hay intercesión alguna, aunque en la práctica religiosa del pueblo, los “creyentes” del Buda, esperan también algún favor directo y socorro.

Tercer malentendido:

En el Budismo, hay que meditar para poder ser liberado.

La meditación no es la única condición necesaria para producir la salvación. La intensificación meditativa busca sólo calmar el cuerpo y la mente, y el camino es así allanado, por esta experiencia espiritual, que libera de las contrariedades de la existencia.

En el Budismo, no se piensa o se trata de la “liberación del pecado y de la culpa o la salvación del castigo, sino de la introspección (la vista), el conocimiento y la liberación de todas las ligaduras que nos atan al mundo. La meditación significa atención y visualización, tendiente a mantenerse en todo momento del día, siempre a través de la práctica cotidiana.

La salvación no se logra sólo por la sumersión meditativa, pero sí por una posición conciente y atenta de sí-mismo, y una actitud deferente hacia los demás.

La actitud meditativa y espiritual es entonces un asunto de práctica, y debe manifestarse en todas las actividades cotidianas, y no representar un ejercicio aislado de la vida cotidiana. Así, se puede también vivir sin capacidades meditativas al comienzo de las enseñanzas y no se puede afirmar que la meditación tiene el más alto rango en el sistema espiritual por sí misma.

Cuarto malentendido

El Budismo es una religión esotérica y mística

El esoterismo tiene miras de una enseñanza sólo destinada a iniciados, y a la cual los observadores exteriores no tienen acceso alguno. La enseñanza de los Budas no tiene ningún secreto que sólo un círculo determinado de elegidos podría recibir.

El Budismo es exotérico, destinado a todos, de una hechura comprensible por todos. Si algunas escuelas del Budismo (sobre todo del Vajrayâna) tienen aprendizajes esotéricos, y distintos niveles, este no es típico de todos los budistas. El Budismo no es ni siquiera una religión mística en la cual hay que producir una ligadura o conexión personal con el divino o una esfera superior.

El Budismo es libre de Dios, y no puede tener nada con quién una conexión mística podría ser producida. Esta asociación del Budismo al esoterismo y el misticismo es quizás el mayor de todos los malentendidos, que se produce por el gran entusiasmo esotérico del mundo occidental

Quinto malentendido

El Budismo tiene muchos dioses.

Si hay “dioses” en el discurso del Budismo, las naturalezas o criaturas celestes, producidas, no son seres en el sentido legítimo de la naturaleza.

La existencia divina, para ser considerada valida, no es eterna, pero sí un modo de existencia producido por un karma positivo, y como toda forma de existencia, no es absolutamente definitiva. Así los dioses, deben retirarse después que ellos alcanzan a nivelar su buen Karma. Cuando su buen karma es agotado, deben regresar por fin a otra forma de existencia, son integrados con todas las formas de existencia, y sometidos al Samsâra, y como todas las formas de existencia, entran en el círculo de los renacimientos.

Sobre la gente, los dioses no tienen ninguna influencia, y así, llamarlos o rezarles a ellos es absurdo. El Budismo no conoce ninguna divinidad (deidad) definitivamente superior, y es entonces una religión ateísta. Y la trascendencia culta en el Mahâyâna del Principio de Buda (teoría del Trikâya) no se puede relacionar a ninguna concepción divina (coherente o compartida). La interpretación ética de Buda no implica ninguna divinidad de los Budas, ni de sus aspectos pensados en el sentido de la emanación de la experiencia meditativa. El Budismo es libre de Dios, aunque numerosas criaturas, numerosos seres, pudieran existir sobre el nivel o el plano de las formas de existencia, considerándose existencias “divinas”

Sexto malentendido

El Dalai Lama es un teócrata.( Dios vivo o rey de Dios)

El Dalai lama es el jefe de la escuela Gelugpa del Budismo tibetano, y al mismo tiempo, él es el jefe secular de Tibet. Es considerado como reencarnación del trascendental Bodhisattva Avalokiteshvara.

Así es aún sometido en la jerarquía espiritual a Pantschen un lama venerado como emanación del Buda trascendental Amitâbha.

El Bodhisattva Avalokiteshavara no es un dios, y entonces, el Dalai Lama no es un teócrata. El Dalai Lama no es ni un Papa budista. No es ni siquiera el jefe espiritual de todos los budistas tibetanos, pero sí, sólo de la mencionada escuela Gelugpa.

Séptimo mal entendido

El Budismo enseña que todo es sólo sufrimiento.

La declaración es por si misma correcta, pero puede inducir en la tentación de (falsedades) inexactas suposiciones o malos sentidos. El sentido budista es que el mundo está en su equilibrio con el sufrimiento, cuando éste es pasajero. Tiene el sentido del “sufrimiento”, en su transitoriedad.

Sufrimiento = transitoriedad, es la constante básica de toda existencia; es entonces la vida también descripta como dolorosa, llena de penas, aunque no se debe entender para nada una negación de la vida con esa declaración que está también relacionada con muchos aspectos o lados agradables. El sufrimiento no es ni siquiera prueba, ni aflicción, ni castigo divino. Es una expresión por la impermanencia de toda existencia, pero siempre sólo en este sentido, cuando nos atamos a cosas y condiciones efímeras. Para el que logra a liberarse de todos estos aspectos penosos, no existe más sufrimiento.

Sufrimiento es entonces una expresión relativa al enredo egoísta en el mundo de la existencia de la mente, cegada por las ilusiones.

Octavo mal entendido

La enseñanza del sufrimiento es pesimista.

En el Budismo, “sufrir” no significa para nada una existencia miserable, un cansancio del mundo, o una tristeza abismal en el “sufriente”.

El sufrimiento es una expresión de la característica fundamental de todos los fenómenos de la existencia, y con esto, no es más que sólo un tormento físico y mental. El sufrimiento es, hasta cierto punto, un estado de cosas, una ley síquica, una ley de la naturaleza.

La expresión “sufrir” no significa ver ningún pesimismo ni negación de

condiciones agradables y alegres.

El sufrimiento se presenta por el querer (deseo); es actitud engañosa, irreflexiva, y por lo más, descuidada para la existencia, actitud que conduce en modo compulsivo a experiencias aflingentes.

Noveno malentendido

La Teoría (enseñanza )del karma es fatalista.

Fatalismo significa una devoción completa en un inmutablemente aceptado poder del destino. Entonces, en la (errónea, falsa) creencia que el karma determina (destino) nuestra vida, hay una posición de base fatalista. El karma budista, sin embargo, no es un destino, ni una predeterminación sobre los cuales no tenemos influencia alguna. El Budismo no enseña ninguna fatalidad, ni inmutable sello predestinado, sino efectos que se levantan automáticamente por nuestras actividades Somos todos responsables por las consecuencias karmicas positivas o negativas de nuestras acciones, con las cuales caen todas las insinuaciones fatalistas.

Décimo mal entendido

El karma es un castigo por las malas acciones de una vida anterior.

Karma significa actuar u acción, pero simultáneamente también el efecto resultante o consecuencia de una acción o de un asunto (ley de causas y efectos).

Entonces todas las actividades positivas o negativas conducen forzosamente a resultados idénticos por cuenta de las causas idénticas. Por otro lado, no se consideran los motivos como causa de retribución y de castigo. La quemadura que se produce por haber tocado un objeto candente no es un castigo sino que es la consecuencia lógica de una actitud atolondrada.

El karma no paga, sino que reparte. Nos volvemos castigados o premiados por nuestros hechos, no por sus condiciones.

Décimo primer mal entendido

En el Budismo, se puede asimismo renacer como animal

La cuestión de saber si uno puede asimismo renacer como animal es controvertida hasta entre los budistas, de tal modo que no existe ninguna opinión sin ambigüedad, considerada inequívoca. Fundamentalmente, reina la idea que uno se gana las condiciones de existencia que uno se ha causado por su propia voluntad. Que sea persona, animal u espíritu natural, toda reencarnación es el resultado de nuestros propios esfuerzos; es la consecuencia natural de nuestros deseos y con eso ni es castigo ni recompensa. En nuestro caminar por el círculo samsárico, cambiamos de continuo nuestras condiciones, y por eso no puede haber ninguna huella que sería sólo positiva o sólo negativa. Sabiendo la solidaridad karmica de todas las manifestaciones condicionales, los budistas son entonces llamados a tener respeto, bondad y buena voluntad por todos los seres. Así la imagen de un posible renacimiento no-humano puede inspirar quizás a tener más respeto y simpatía por todos los seres, simplemente por el hecho que acaban todas las existencias.

Décimo segundo malentendido

Para el budista, la muerte no es causa de aflicción

La opinión que la muerte no ofrece ninguna causa a la aflicción en relación con un renacimiento cercano o posterior, es un malentendido muy difundido.

Los cristianos no deberían ser tan tristes, puesto que ellos también tienen un renacimiento (!) Una forma de resurrección es predicha a ellos por el fin de los tiempos (El último Juicio) De hecho, los budistas sufren de la pérdida de una persona amada, lo mismo de todas las otras personas en este mundo. Aunque, no ven en la muerte esa cesación que destruye toda la vida, y es correcto que la conciencia de un perpetuo regreso permite un punto de vista (una calma, una cierta indiferencia) también más tranquilo respecto a la espera de la muerte. En el Budismo, vidas y muertes no son procesos simultáneamente excepcionales y opuestos al mismo tiempo, sino son etapas que continuamente se repiten por el largo camino por el Samsâra. Así pierde la muerte una gran parte de sus espantos, y no es este funesto acontecimiento, que provee un fin irreparable a toda existencia.

Decimotercer malentendido

El Budismo enseña la metempsicosis

Las palabras renacimiento (reencarnación) y metempsicosis son generalmente comprendidas como nociones sinonímicas. Puesto que el Budismo no conoce ninguna alma, y no subordina ni siquiera ningún principio psíquico que pase de una a otra existencia, aquí ahora se pregunta ¿quién debe entonces renacer, si no hay nadie ni nada que sobrevive en la existencia terrestre y que sea capaz de darle forma?

En el Budismo renacer no significa (a diferencia de la metempsicosis hindú) ninguna trasmigración substancial, y no se cree en una unidad de alma entre la persona A y la persona B. La noción de “renacimiento” es inexacta, in fondo, puesto que no somos nacidos de nuevo como misma entidad; ni física, ni mental.

El renacimiento en el Budismo no mira a ninguna repetición y ninguna reposición, es una continuidad de los procesos psíquicos ya existentes que sobreviven a la muerte física. La reactualización de las fuerzas intelectuales no puede llegar a producirse; al no agotar los recursos energéticos todavía disponibles, gracias a la realización, quedan los instintos como un hecho real.

Si, después de la extinción de todo, no quedan disponibles los instintos, no habría nada más conque se pudiera inflamar el propio Yo, entonces no se impone otra estancia en el círculo de las existencias (samsâra), y entonces no habría ningún “porvenir de renacimiento”.  Al estado del Nirvâna, el hecho de extinguir todos los deseos de adherencia y las ataduras al mundo de existencia dolorosa, se llega con el fin del arranque continuo del propio Yo al porvenir, y con eso se acaban todas la experiencias dolorosas.

Decimocuarto malentendido

Para el desarrollo espiritual, se depende de la ayuda de un guru.

Gurú es la palabra sánscrita para maestro u enseñante espiritual, especialmente en las escuelas tántricas (esotéricas) del Budismo, y también en el Zen (aqui llamado Rôshi). En esas escuelas, la formación espiritual se cumple las más de las veces bajo la forma de una estrecha relación maestro-discípulo. Entonces, generalmente, se ve que en el camino espiritual, un guru no es de veras necesario.

El Budismo es por principio una teoría de la auto-liberación, por eso ninguna subordinación es exigida a los maestros particularmente calificados. Esa posición existe aún en las escuelas que tienen una tradición de gurus. Por consecuencia, toda relación de discípulo a profesor debe ser fundada en el principio de la espontaneidad y de la confianza mutua, y no debe conducir a una relación de dependencia.

Décimo quinto malentendido

El nirvana es un cielo budista

El Budismo no conoce un otro lado después de la muerte, donde entraría el difunto. El Nirvana no es un cielo, no es una esfera de ultratumba trascendente, no es un lugar de existencia eterna.

El Nirvana, por conclusión, no es para nada un nuevo comienzo en un otro mundo.

Nirvana dice “extinción” y mira a un estado de tranquilidad, si todas las ligaduras pasionales de la existencia están dominados.

Nirvana: la conclusión del círculo de los renacimientos, el no disponible y no localizado lugar de felicidad eterna, más un estado de falta de estado, el fin de todo pedido, el apaciguamiento de toda inquietud del espíritu, el otro lado del mundo disponible.

Nirvana, entonces, no se puede asimilar a un paraíso ulterior.

Décimo sexto malentendido

Para entrar en el Nirvana, hay que renacer como monje.

Esa opinión esta muy difundida aún entre los budistas. La idea, fundamental, es que la vida mundana con todas sus implicaciones, no permite el desarrollo espiritual. Así, llegar a los más altos grados del desarrollo espiritual sería sólo posible quitando completamente todas las influencias obligatorias mundanas.

Cierto, es fuera de duda que la vida monástica crea condiciones más propicias por la liberación de las ataduras. Portanto, el Nirvana queda como algo que debe realizarse por si mismo y no esta predicho que se pueda lograr simplemente por la existencia enclaustrada.

“Nirvana” significa “extinción” y mira a la victoria definitiva sobre el círculo de las existencias dolorosas (samsâra); es un grado abierto a todos potencialmente, monje u laico. Además, es inexacto hablar de “conseguir” al Nirvana. El Nirvana no es un lugar a donde se entra y en el cual se permanece. No es algo disponible para alguien, ni una esfera ultramundana separada, pero sí un estado intelectual del conocimiento perfecto y de la victoria sobre el propio Yo.

Décimo séptimo malentendido

El Budismo es una teoría (enseñanza) nihilista.

Nihilismus [de lat. nihil = nada] es la contemplación de la nulidad y absurdidad de todo lo existente y todo lo que es; también es posición que niega todos los valores, ideales y metas positivos. Como el Budismo rechaza el concepto del apoyo en cosas firmes y les quita todas sus bases, vuélvese entonces muy fácil poner Budismo y nihilismo en el mismo saco.

El Budismo no reconoce ningún Dios, ni creación, ni alma, ni ego autónomo, ni ser independiente de las cosas, ni felicidad eterna alguna. Independientemente, reconoce un espacio (libre de Dios) llamado Dharma, que es él mismo, el orden de las cosas, y reconoce la ley de causas y efectos, que se llama karma.

Todavía, a pesar de la negación de todo el Ser, el Budismo no afirma un no-ser. Las cosas son hasta este punto y no son más, es decir las cosas son justo hasta el punto a donde aparecen las causas condicionando y quedan disponibles en nuestra conciencia subjetiva. Y no son hasta este punto, adonde no constituyen una entidad autónoma, porqué los fenómenos son aparecidos en modo condicional y son impresiones de la percepción engañosa.

Por consecuencia, en la lengua del Budismo, esas cosas son “vacías” (shûnya), es a decir, sin substrato; son irreales e invenciones (la imagen = representación) de nuestra imaginación creativa. El Budismo no enseña entonces ningún nihilismo, más es la unión, el camino medio entre la aceptación y la reverencia.

No nihilista, el Budismo tiene también una alta valoración de los principios éticos, en su visión a la victoria sobre las experiencias dolorosas y la prosecución de la perfección y de la sabiduría más alta.

Décimo octavo malentendido

Los budistas deben respetar las ordenes de los Budas

El Budismo no conoce ninguna instrucción de comportamiento imperativo ni ninguna instancia normativa. Los criterios morales del Budismo (pañcashîla) [el abstenerse de tomar la vida, de robar, de llevar una vida disoluta, de mentir, de consumir substancias que turban a los sentidos] no son ordenes que deben ser respetadas, más bien principios de comportamiento que se ejecutan por su propia iniciativa y espontaneidad (autónomamente). Su respeto no resulta de una obediencia de fe requerida, pero sí de la convicción que así se cree una base de vida saludable por si mismo y por los otros.

Décimo noveno malentendido

Los budistas no pueden comer carne.

El principio superior de la ética budista esta en no producir daño a los organismos vivos (ahimsâ). Por tanto, no existe ninguna interdicción de consumir comida animal, aunque el cambiar por una comida vegetariana corresponde más a la posición principal de no lastimar y de la bondad por todos los seres .

Vigésimo malentendido

Entre Budismo e Hinduismo, hay apenas diferencias

El Budismo se ha originado del Vedismo/ Bramanismo, del cual origina el Hinduismo de nuestros días (6to siglo de la era común). Está en una relación semejante a la del Cristianismo respecto al Judaísmo. Por consecuencia, existen numerosos puntos de concordancia entre Budismo e Hinduismo. La tradición ascética, la enseñanza del karma y del renacimiento, el principio de no lastimar a los seres, el postulado de la tolerancia religiosa, y otros, pertenecen a ambos. Sin embargo, existen diferencias importantes que no son fácilmente observadas, por razón del clima de concordia, y no son objeto de litigios de ortodoxia. Así el Hinduismo es teísta, mientras el Budismo no lo es, porque, al fin, el Budismo es libre de dios. También en las representaciones del karma y del renacimiento, hay diferencias. Si el Hinduismo enseña que el alma transmigra, el Budismo rechaza la participación de un alma inmortal, y su reincorporación después de la muerte sin ignorar una sustancia psíquica.

Los Hindúes conocen un sacerdocio (brahmanes), que rechaza el Budismo [los monjes y monjas no son sacerdotes intercesores] El orden social hindú se ha difundido como religión popular sólo en India y algunos estados vecinos.

El Budismo es una religión universal en la cual la pertenencia no se limita a una etnia determinada. En común tienen el hecho de no pertenecer al tipo de las religiones de revelación profética (como judaísmo, cristianismo e islam) y su rechazar la revelación divina e infalible de las instrucciones de Dios. Así, en ambas religiones, el postulado de la tolerancia es más inserido que en las religiones occidentales. Budismo e Hinduismo así no conocen ninguna “alternativa” profética, pero son consideradas tan válidas como esas.

Fin

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