Metta Sutta

Sn 1,8 (18Sn.1.8,143-152) Metta Sutta – Discurso sobre el amor benevolente

Estos son los hechos meritorios que deben ser realizados

por el hombre virtuoso que pretende alcanzar el entendimiento profundo:

Debe ser competente, recto, además de íntegro,

Fácil de ser instruido, apacible en su forma de hablar y no orgulloso.

Contento y de fácil manutención,

habiendo tenido pocas obligaciones y un estilo de vida frugal.

Sus facultades sensoriales calmadas, debe ser prudente,

No impudente ni ávido de relaciones cercanas.

No debería hacer ni la más mínima cosa,

que podría ser considerada por los sabios como censurable;

Qué todos los seres vivos,

disfruten de la seguridad y sean felices.

Cualquier ser vivo que exista,

el que se mueve o permanece firme, sin excepción;

el que es largo y grande, el de mediano tamaño o corto,

el sutil o el llamativo;

el que puede ser visto o el invisible,

el que está viviendo lejos o cerca,

el que ya llegó a la existencia o el está por nacer,

que todos los seres vivos sean felices.

Un hombre no debe engañar al otro,

Un hombre no debe menospreciar a otro en ningún lugar;

Movido por el odio o la repugnancia,

uno no debe desear al otro el sufrimiento.

Al igual que una madre protege a su hijo

con su propia vida, su hijo único,

uno debería irradiar el corazón inconmensurable,

hacia todos los seres vivos,

el amor benevolente, hacia el mundo entero;

irradiar el corazón inconmensurable

arriba, abajo y alrededor;

sin obstrucción, sin animadversión y sin odio.

Estando de pie o caminando, sentado

o acostado, siempre que uno esté libre de modorra,

debe practicar esta atención consciente.

Ésto es lo que se llama una morada celestial aquí y ahora.

No asumiendo creencias,

siendo virtuoso y consumado en la visión penetrante,

habiendo subyugado la avidez y los placeres sensuales,

ciertamente, uno no se dirige más al seno materno.

Khp 9 Karaniya Metta Sutta – Discurso sobre el amor universal benevolente

Aquel que desea penetrar el estado de paz
(Nibbana) y persigue su propio bienestar
debería ser capaz, recto, muy recto, obediente,
apacible y sin vanidad.

Debería estar satisfecho, ser fácil de
mantener, tener pocas actividades y pocas
posesiones, controlado en sus sentidos,
prudente, sin desvergüenza y sin apego a familias.

No debería cometer la más mínima falta
que podría ser objeto de censura por parte de los
sabios. Que todos los seres estén felices y seguros.
Que estén felices en sus corazones.

Que todos los seres que existen, débiles o
fuertes, largos o grandes, medianos o bajos,
pequeños o gruesos, conocidos o desconocidos,
cercanos o lejanos, nacidos o por nacer, que todos los
seres sin excepción estén felices.

Que nadie engañe ni desprecie al otro
en ningún lugar; que no desee el sufrimiento
del otro con provocación o enemistad.

Así como una madre protege a propio hijo,
su único hijo, a costa de su propia vida,
de la misma forma uno debería cultivar un
corazón sin límites hacia todos los seres.

Que sus pensamientos de amor llenen todo
el mundo, arriba, abajo y a lo largo; sin diferencias,
sin malicia, sin odio.

Parado, caminando, sentado o acostado,
mientras despierto uno debería cultivar esta
meditación de amor. Ésta, ellos dicen, es la
mejor conducta en este mundo.

Sin caer en opiniones erróneas,
virtuoso y dotado de visión,
uno elimina el apego a los sentidos y
realmente no viene de nuevo al vientre.

 

 


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