Quiero ser monje… lo que hay que conocer!

Consejo para aquellos que consideran la ordenación

Por el Ven. Thubten Dondrub

El pratimoksha es un freno

con cientos de puntas afiladas, adecuadas

para la mente del caballo difícil de dirigir

y siempre conducida con esfuerzo.

– El Sutra del Pratimoksha

Motivación

Dentro de la tradición del budismo tibetano, el adoptar la forma de vida de un renunciante es un compromiso a largo plazo. Uno toma la ordenación porque uno reconoce que esta vida humana es realmente algo raro y preciado, y uno desea utilizarla de la mejor manera, tanto para uno mismo como para otros, así como para establecer las condiciones para practicar el Dharma de tiempo completo.

Básicamente, uno toma votos para vivir de una forma disciplinada, libre de distracciones para seguir el camino hacia la liberación y la iluminación. Es algo maravilloso tener un deseo sincero de ordenarse, pero es algo que no se debe de tomar a la ligera.

Preliminares

Tomar la ordenación es algo muy serio, en especial porque la ordenación es de por vida. Para saber lo que realmente significa la ordenación y ser capaz de mantenerla por el resto de la vida, lo ideal es haber estudiado las enseñanzas para poder así desarrollar un profundo sentimiento de refugio en la Triple Joya, y en especial un entendimiento de la ley de causa y efecto, de esta forma uno toma refugio formalmente. Seguido, uno debe haber practicado las enseñanzas como laico por un tiempo considerable. Así que uno toma refugio de manera formal y después uno toma los cinco votos laicos por un tiempo.Durante este periodo, también es muy bueno tomar los 8 preceptos Mahayana de forma regular. Seguir esto por un día es vivir como monje por un día.

También es bueno haber pasado un tiempo en retiro, de esta forma uno comienza a establecer una conexión más profunda con las enseñanzas así como con las prácticas de purificación y acumulación de mérito. Primero haz retiros en grupo y posteriormente en solitario. Esto también ayudará a saborear lo que es la vida de monje. Lo mejor es intentar hacer retiros de Lam Rim, los preliminares del refugio y el retiro de tres meses de Vajrasattva- en caso de ser posible. Es solamente en este punto en el que uno puede realmente decir que la vida como budista laico no es suficiente, sino que uno desea tomar la ordenación por el resto de su vida.

Compromiso con un linaje

En este proceso, uno debe de tener un fuerte compromiso con una tradición budista en particular, y en especial con un maestro personal que pueda confirmar que es conveniente tomar la ordenación y así ser una guía en esta nueva forma de vida de ahora en adelante. Haber leído solamente libros sobre budismo o haber escuchado unas cuantas enseñanzas por aquí y por allá de personas con las que uno no sienta una profunda conexión, no conforman una base suficiente para tomar la ordenación y mantenerla por el resto de su vida.

La vida en comunidad

Es muy recomendable haber vivido un tiempo en una comunidad budista para así tener experiencia de lo que es vivir en comunidad, para ver si este tipo de vida es para uno. Es muy importante entender que la ordenación no es algo que se pueda hacer actuando de forma totalmente independiente. Algo importante que se debe tomar en cuenta y pensar, es que aunque la ordenación,

está relacionada con el camino de la “liberación individual”, y puede que uno tenga ideas románticas acerca de cómo eran los monjes en la época del Buda, viviendo solos en áreas remotas del bosque, etc., la realidad es, y ha sido por más de miles de años, que ser un monje significa vivir en una comunidad monástica.

Por lo tanto, uno debe de tomar una decisión consciente de abandonar la idea de aferrarse a tener una vida privada y en lugar de eso vivir una vida en comunidad relativamente sin egoísmo. La ordenación en si misma, depende de recibirla de la comunidad de monjes, para hacer la purificación esencial dos veces al mes, se requiere una comunidad de monjes, para mantener los votos que uno ha tomado se requiere seguirlos en relación a la comunidad monástica.

Por lo tanto, uno debe de tomar una decisión consciente de abandonar la idea de aferrarse a tener una vida privada y en lugar de eso vivir una vida en comunidad relativamente sin egoísmo. La ordenación en si misma, depende de recibirla de la comunidad de monjes, para hacer la purificación esencial dos veces al mes, se requiere una comunidad de monjes, para mantener los votos que uno ha tomado se requiere seguirlos en relación a la comunidad monástica.

Superando al egoísmo

La totalidad del camino se refiere a superar al ego y tomar la ordenación se refiere precisamente a esto. Algunos occidentales que toman la ordenación no entienden esto y utilizan su ordenación para mantenerse separados de los demás y continuar con una vida auto centrada. Algunas personas que se ordenan se les hace muy difícil relacionarse hábilmente con la autoridad o las figuras que la representan, pero esto es exactamente lo que tomar la ordenación conlleva. En el Vinaya, se hace mucho énfasis en que los monjes más nuevos deben de respetar a los monjes que llevan más tiempo ordenados, y también ser digno del respecto de aquellos más nuevos y de la comunidad laica. La razón por la cual el Vinaya hace énfasis en esto, es debido a que este respeto mutuo es esencial para que la Sangha sobreviva. La verdadera Sangha es una comunidad, no solamente personas que viven juntas físicamente, sino personas que comparten en muchos sentidos, una misma meta, visión, forma de vida, etc. E incluso aunque no vivan físicamente juntas, debe de existir ese sentimiento de corazón que uno es parte de la comunidad de la Sangha. Entonces, si se desea vivir totalmente “por cuenta propia”, libre para ir a donde sea y hacer lo que quieras de tu práctica de Dharma, entonces es mejor no hacerse monje. Hacerse monje implica entrega- o al menos el deseo de hacerlo, de intentarlo. Todo esto está relacionado con el punto de vista práctico sobre en donde se vivirá siendo monje. Si ya se está en contacto con alguna comunidad budista y un maestro, entonces automáticamente se obtendrá algún apoyo necesario para ser monje.

Cómo mantenerse

Por ejemplo, si se vive en Nalanda hay un costo de estancia por día para cada monje de 4.5 €. Pero para ser residente primero hay que estar en el monasterio por un periodo de prueba como monje. Lo ideal es tener los propios medios para mantenerse por uno o dos años, y si se demuestra sinceridad, estabilidad e involucramiento, entonces es posible recibir un apoyo base para residir aquí. Nuestro fundador, Lama Yeshe, siempre animaba a sus estudiantes que pensaban en ordenarse que se aseguraran de tener suficiente dinero para mantenerse por tres años como monjes o monjas, antes de ordenarse. Después de ese periodo, si uno ha seguido el Vinaya adecuadamente, algún tipo de apoyo vendrá. Realmente no es conveniente que como monje uno salga a trabajar, y es extremadamente difícil mantener los votos en tal situación.

Antes de ordenarse es de utilidad consultar a Lama Thubten Zopa Rimpoché qué hacer y dónde vivir después de ordenarse. Rimpoché ha dicho que los monjes deben permanecer en un sitio por cinco años después de ordenarse. También es muy importante saldar todo tipo de deudas antes de tomar la ordenación. De esta forma aunque no se tenga nada de dinero, no se tendrán deudas. También todos los asuntos familiares y legales deben de estar resueltos para evitar cualquier posible problema que pueda surgir después de haber tomado la ordenación. Este tipo de cosas pueden afectar no solo a uno mismo sino también crearle problemas a la Sangha.

Los puntos citados deben de proporcionar una mejor idea acerca de la realidad y retos de vivir como monje budista. También existe un libro excelente editado por la Ven. Thubten Chodron (en inglés): Preparing for ordination- reflexiones para occidentales que consideran ordenarse como monjes en la tradición del budismo tibetano, el cual puede proporcionar más información al respecto y posiblemente responderá algunas preguntas. Se puede ordenar una copia a:

Sravasti Abbey

P.O. Box 20644

Seattle, WA 98102-1644, USA

Tel: 1-509-447-5549.

Si se tienes más preguntas o deseas más acerca de los pasos a seguir para recibir la ordenación, por favor contáctanos: nalanda@wanadoo.fr Otro recurso es la revista Sangha, del International Mahayana Institute (IMI) Puedes bajar en ingles una copia del consejo para monjes y monjas del Lama Yeshe Wisdom Archive.

La vida monástica dentro del budismo

por Lobsang Tonden

“El simple hecho de pensar en seguir el camino del Dharma, comprometerse a llevar una moralidad pura y dejar un poco de lado las preocupaciones samsáricas, es el resultado de haber acumulado gran cantidad de virtud en el pasado y por ello debe ser motivo de regocijo, ya que es una actitud muy valiente”… este fue uno de los primeros consejos que recibí de un monje occidental..

En el Shila Samyukta Sutra, el Buda dice:

Aquel con moralidad posee el mejor de los ornamentos, Aquel con moralidad es roseado con perfume, Aquel con moralidad posee el hogar de todo gozo…

Con estas palabras, el Buda deja muy claro que la moralidad (Shila), es como un ornamento hecho de joyas preciosas, ya que adorna a la persona que lo porta. Es como un perfume, debido a que despide la agradable fragancia de la virtud. Y es el hogar en donde se encuentra toda satisfacción y el gozo. La vida monástica es maravillosa, pero es importante reconocer que no es un estilo de vida que todos los individuos puedan y deban adoptar.

El monacato existe para un pequeño grupo de individuos que están atraídos hacia la idea de una vida totalmente dedicada al Dharma a través de la renuncia a asuntos mundanos y por medio de esforzarse en seguir una ética pura.

La moralidad trae consigo paz interna. El término Shila se traduce como moralidad o disciplina ética; aunque la raíz etimológica sería enfriar. Y se refiere a enfriar la confusión, enfriar el apego y el aferramiento, el enojo, etc. Enfriar el fuego de los tres venenos mentales. Cuando el Buda habló de ética o moralidad, se refería a evitar cualquier acción dañina. Dentro del budismo, llevar una conducta ética es lago básico, pero no nada más porque el Buda lo haya dicho. Se sigue una conducta ética después de haber analizado con lógica los resultados de nuestras acciones. Además que para poder desarrollar la sabiduría y la compasión, es necesario primero enfriar la confusión por medio de la ética.

¿De dónde surgen los monjes?

En el famoso discurso del Dharmapada, el Buda comienza con los denominados versos gemelos afirmando que la mente es primaria y lo impregna todo. Todos los estados encuentran su origen en la mente, incluidas las experiencias de felicidad y sufrimiento. Y debido a que todos compartimos el deseo de querer felices y dejar de sufrir, el Buda compartió su experiencia e impartió las enseñanzas del Dharma para poder lograr dicho objetivo: ser felices, abandonar las concepciones erróneas y lograr satisfacción duradera. La tradición budista surge en un contexto monástico, el mismo Buda fue un monje, y la tradición monástica sigue siendo igual de importante hoy en nuestro mundo moderno que hace 2,600 años. Debido a que no todos los individuos pueden seguir un mismo estilo de vida, el Buda tuvo dos tipos de discípulos: Los Bikshus y los Upasikas. A los Bikshus se les conoce como monjes (o monjas, en el caso de las Bikshunis) por su estilo de vida, la renuncia a la vida en pareja y por seguir ciertos votos incluyendo la forma de vestirse, de vivir, de comportarse, etc. La palabra Bikshu es sánscrita y quiere decir mendicante, en un sentido más profundo se refiere a un mendicante de virtud, y se refiere a aquellos individuos (hombres y mujeres) que han entrado a la Sangha monástica y que siguen las reglas de conducta marcadas en el Vinaya. Los Upasikas, por otro lado, eran discípulos laicos (y laicas) que siguieron los preceptos básicos que incluyen los denominados cinco votos laicos.

Como afirma Su Santidad el XIV Dalai Lama del Tibet: “El florecimiento de las enseñanzas del Buda en un lugar en particular, está determinado por la existencia de monjes y monjas, así como de practicantes laicos y laicas. Por lo tanto la existencia de monjes y monjas, y la práctica del Vinaya, la disciplina monástica budista, es algo de suma importancia”. También es importante tener muy claro, que dentro de la tradición budista uno toma votos para vivir de una forma disciplinada y darle espacio y libertad a la mente, para poder estar libre de distracciones para seguir el camino hacia la liberación y la iluminación. Los votos de monje forman parte del primer tipo de votos impartidos por el Buda, denominados “votos de liberación individual” o Pratimoksha en sánscrito.

La palabra voto quiere decir promesa. Y se refiere a una promesa o compromiso ante el Buda, los maestros del linaje y la sociedad, pero sobre todo se refiere a un compromiso con ante uno mismo de seguir una cierta forma de vida.

Motivación

Tener una motivación o intención clara antes de solicitar la ordenación es algo crucial. En primera instancia, el deseo de ordenarse surge de la renuncia a las causas del sufrimiento. Surge de una determinación espiritual de comenzar a conocer nuestra mente, para así poder librarnos de los apegos y tratar de que nuestra mente vea las cosas de forma clara, tal y como son. Tener una visión más equilibrada de nosotros mismos y de la realidad, y en última instancia, liberarnos del samsara. Esto es lo que se conoce como renuncia, es la determinación de comenzar a dejar de crear las causas del sufrimiento. Una vez logrado esto, con sabiduría, podemos empezar a desarrollar la compasión hacia los demás. Actualmente, la sociedad moderna promueve que la felicidad depende de la adquisición y la satisfacción del deseo, en nuestros días el sexo y la violencia están a la orden del día. Los recursos empiezan a escasear, la vida es muy atareada, hay guerras y catástrofes. En contraste con todo esto, la Sangha es un grupo de monásticos que basan su vida en la renuncia, pureza, dominio de uno mismo y disciplina, todo esto con la aspiración de reducir las necesidades externas y llevar una vida internamente más sencilla. “La práctica del Budadharma es un arte. Los monjes y las monjas son los artistas, y los materiales que utilizan como artistas son los cinco agregados de la forma, sentimientos, discriminación, formaciones mentales y consciencia. El arte consiste en brindar paz y armonía a estos cinco agregados para así poder ser capaces de ofrecer paz a los demás. La verdad, la belleza y el bien se encuentran en este arte.

Un buen monástico es alguien hermoso, ya que personifica la bondad y la verdad”…   así comienza Ven. Tic Nhat Hanh una de sus charlas referentes al monacato en el occidente.

El Vinaya

La mayoría de las tradiciones monásticas budistas siguen las mismas normas conocidas como Vinaya, con ciertas interpretaciones distintas de algunos de los votos dependiendo de la orden o escuela que hablemos. Aunque prácticamente el Vinaya es el mismo en todas las ordenes monásticas. Vinaya es una palabra sánscrita que quiere decir disciplina, y se refiere a las normas de disciplina y conducta que siguen los monjes y las monjas. En particular, estos votos tienen la finalidad de controlar las acciones corporales y verbales.

Existen diversas interpretaciones del Vinaya según las distintas escuelas.

En las tradiciones de Corea o Taiwán, que siguen la escuela Dharmagupta, existe la ordenación como Bikshunis o monjas totalmente ordenadas. En el caso de la tradición Mulasarvastavada, actualmente no existe un linaje de ordenación de Bikshunis. Dentro de la tradición Mulasarvastavada, existen diversos niveles de ordenación y son los siguientes:

– Rabyung, que literalmente quiere decir aquel que renuncia a la vida laica. Alguien que ha tomado rabyung sigue los cinco preceptos básicos, con la diferencia de que toma el voto de celibato, tiene permiso de vestir los hábitos monásticos y el compromiso de seguir el consejo de su preceptor.

– Shramanera o Getsul, que se traduce como novicio. Se refiere a aquellos individuos que toman el primer nivel de votos monásticos y que por lo general aspiran a la ordenación completa. Toman 36 votos que se pueden resumir en 10.

– Bikshu o Gelong, que se refiere a los monjes totalmente ordenados que siguen los 253 votos marcados en el Vinaya.

Para recibir el linaje de ordenación (esto quiere decir los votos que provienen desde el Buda hasta el día de hoy), es necesario recibir los votos en una ceremonia de ordenación de manos de un preceptor (maestro) que sea monástico, que tenga él mismo el linaje válido de los votos y que estén presentes en dicha ceremonia de ordenación al menos 4 monjes totalmente ordenados (Bikshus) además del preceptor. Si estos (y algunos requisitos extras que marca el Vinaya) no están presentes, entonces el linaje de los votos de ordenación no se transmite aunque se realice la ceremonia. Es importante saber que en algunos lugares hay ordenaciones supuestamente monásticas (es decir practicando el celibato, la renuncia, etc.) pero que siguen sus propias normas. De acuerdo al Vinaya, esto no es correcto. Si alguien toma los votos de un monje es para seguirlos. El Buda dejó muy claro que nadie lo obliga a otros a tomar los votos monásticos. También hay casos en los que individuos que no son monjes, visten con los hábitos de monje, Su Santidad el Dalai Lama ha dicho que esto es algo incorrecto y que no se debe hacer. Dentro del budismo tibetano hay ordenaciones monásticas con el voto de celibato en los cuatro linajes u órdenes (Nyma, Sakya, Kagyu y Gelug). Y también hay lamas o maestros no-monásticos que se casan, ellos toman otro tipo de votos y generalmente se les conoce como Ngagpas, pero no es ordenación monástica.

Requisitos para ordenarse

Su Santidad el Dalai Lama recomienda a aquellos individuos que aspiran a ordenarse, tengan un conocimiento del Dharma en general, de la tradición en la que desean ordenarse y sobre todo el verdadero compromiso de poner este compromiso en práctica. Además de haber tomado refugio formalmente al menos cinco años antes de solicitar la ordenación.

La toma de refugio es uno de los requisitos indispensables para recibir los votos de monje. Tomar refugio es una decisión voluntaria y personal. Se refiere a una actitud mental que surge después de haber analizado nuestra situación actual, caracterizada por la insatisfacción. De esta forma, decidimos orientar nuestra vida hacia una dirección correcta que nos libere de esa insatisfacción. La dirección marcada por los Budas. La constante insatisfacción no es algo que debamos rechazar violentamente; sin embargo, podemos actuar con habilidad. Esta habilidad consiste en cambiar de actitud, esto es tomar refugio.

Por lo general, 21 años es la edad mínima para recibir los votos de monje totalmente ordenado, aunque existen otras interpretaciones que dicen que a los 18 años ya es posible ordenarse. En el caso de los monjes y monjas occidentales, quizás lo recomendable es tener un mínimo 25 años. Para recibir la ordenación, uno tiene que solicitarla a su o sus maestros. Es importante tener en cuenta que el simple deseo de ordenarse no es suficiente para recibir los votos. Uno debe de tener el permiso y bendición de su o sus maestros.

En la época del Buda, el permiso y el apoyo de los padres era importante si alguien deseaba ordenarse, ya que esto influía en la estabilidad de la vida monástica del individuo.

Actualmente, debido a que en occidente carecemos de antecedentes budistas, muchos de los padres de los aspirantes a monjes y monjas no aprueban la decisión de sus hijos de ordenarse. En estos casos hay que tener en cuenta que incluso el padre del mismo Buda se opuso a la vida espiritual de su hijo. Es comprensible que padres occidentales no cuenten con información suficiente sobre lo que es el monacato dentro del budismo.

En esos casos, algo muy útil sería que los padres de los aspirantes a ser monjes o monjas conozcan o tengan contacto con algunos miembros de la Sangha occidental. Por todas estas razones, al tomar la decisión de ordenarse, es apropiado no precipitarse e intentar generar un ambiente interno de confianza y respaldo, brindando la atención y el cariño que sin duda los padres se merecen. Aquel que aspire a ser monje o monja, no debe de tener deudas económicas pendientes o mucho menos deudas atrasadas que no ha pagado. Este punto es muy importante tenerlo claro. Como budistas, y en particular los monásticos, pretenden dejar de lado los intereses mundanos y buscar un refugio interior. Ese refugio es la Triple Joya: el Buda, el Dharma y la Sangha. De estos tres objetos de refugio, la práctica del Dharma es el refugio directo. El verdadero refugio se toma en el corazón (la ceremonia es el signo externo de este refugio). Tomar refugio es la puerta principal para entrar en el camino de la liberación. Su Santidad el Dalai Lama dice que para practicar el Dharma es imprescindible tener un entendimiento lógico de la doctrina. Tenemos que tener claro lo que estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo. En especial aquellos individuos que son monjes y monjas y que dedican su vida entera al Dharma; ya que la Sangha monástica es muy importante para la estabilidad de la doctrina y por lo tanto tienen que esforzarse en seguir el ejemplo del mismo Buda, que fue un monje. Nadie nos pide que nos hagamos monjes budistas, en realidad esa es una decisión personal, y por lo tanto debemos actuar con el mínimo de ética que propone la tradición budista, y esto es, evitar las diez acciones no virtuosas e intentar esforzarnos en no dejar que las emociones negativas como el apego o el enojo nos dominen.

Tradición y linaje

Al pensar en ordenarse, es de suma importancia conocer y definir la tradición en la que uno desee ordenarse. Las enseñanzas del Buda (Budadharma), las podemos dividir en dos grandes movimientos o tradiciones:

– La tradición Pali (Theravada)

– La tradición Sánscrita (Mahayana)

Estos dos movimientos, no es que sean algo aislado el uno del otro, sino más bien la diferencia está en la motivación que cada uno tiene para poner en práctica las enseñanzas del Buda. Ambas escuelas comparten los principios básicos, aunque se diferencian en el énfasis que ponen en determinados aspectos de la enseñanza y en sus técnicas de entrenamiento. Por ejemplo, la tradición Pali busca la liberación individual del sufrimiento, meta que también busca en primera instancia la tradición Sánscrita y que afirma que es necesaria para posteriormente poder alcanzar el estado de la budeidad. A raíz de la expansión que tuvo el budismo, han surgido cinco tradiciones principales, todas las cuales se practican en occidente. Una de estas tradiciones, es la del budismo tibetano, a veces conocido como Vajarayana, el cual es parte de la escuela Mahayana y tiene su origen en la tradición sánscrita del antiguo monasterio de Nalanda en la India. El budismo indo-tibetano surge a partir del siglo VII d.C. y a su vez se divide en cuatro órdenes que son Nyma, Sakya, Kagyu y Gelug. Dentro de estas, la orden Gelug surge a partir de la tradición Kadampa del maestro Dipamkara Atisha posteriormente influenciada por el filósofo del siglo XIV Lama Tsongkhapa. Esta tradición revitalizó muchos linajes del Sutra y del Tantra, así como la tradición monástica del Tibet. Se le conoce como una orden reformadora. Su Santidad el Dalai Lama se educó en la escuela Gelugpa, aunque en Dalai Lama actual esmaestro d e las 4 órdenes del budismo tibetano.

 

Desilusión y vacío: realidades en el camino espiritual

por la Ven. Tenzin Chongyi (Dra. Diana Taylor)

“He trabajado muy duro, ¿y para qué?

Esta es una frase con la que yo he estado relacionada. Estas palabras simplemente describen aquello que ya estaba presente en mi mente antes de haber descubierto el Budismo. Desde el momento en el que tomé refugio con Lama Zopa Rimpoché y posteriormente la ordenación con Su Santidad el Dalai Lama, creí que esta frase comenzaba a desvanecerse en mi mente.

Para muchos de nosotros, la emoción con la que en un principio tomamos la ordenación se ve perdida en la realidad de vida como monje o monja. “Has trabajado muy duro, ¿y todo esto para qué?. Ahora, esta frase me invita a observar de cerca al Budismo, la ordenación y mi propio camino espiritual. ¿Por qué ha regresado este pensamiento a mi mente? Desde luego conozco las respuestas: aferramiento al yo, vacuidad, surgimiento dependiente. Pero debido a que las palabras son solamente teorías, tengo que intentar traer esto a mi realidad. Soy occidental y mi cultura es occidental. Por lo tanto, como parte de mi investigación interior y de mi sentimiento de vacío espiritual, tal vez mis antecedentes en la psicología occidental pueden ayudarme a comprender mis experiencias. Cuando vivía en la comunidad de monjas llamada Chenrezig, con frecuencia las monjas terminaban fatigadas después de largos días de prácticas, estudio y servicio a la comunidad. Si a esta fatiga se de denominaba “Lung”, entonces no había ningún problema. Pero si yo me atrevía a llamarla “depresión”, era como si hiciera un comentario degradante. Mi intención no era querer degradar, sino intentar entender dicho proceso en términos occidentales. Por lo general, el “Lung” y la “depresión” tienen los mismos síntomas. Al principio se puede aliviar saliendo o descansando. Pero en ocasiones esto no es suficiente y la depresión se convierte en un vacío espiritual.

El vacío espiritual no es un tema fácil a tratar entre la Sangha, ya que puede verse como un fallo en nuestros votos, en nuestros compromisos, hacia nuestros maestros y hacia el Dharma.

Si fuéramos monjes y monjas perfectos, entonces el vacío espiritual no existiría. Sin embargo existe, es parte de mi propia experiencia como monja y creo que es parte de la experiencia de toda la Sangha en cierto punto de viaje espiritual.

Recientemente Kyabye Zopa Rimpoché mencionó este tema cuando hablaba de la devoción al guru:  “Se dice que aunque una persona haya alcanzado el logro de la bodichita, existe la posibilidad de perderlo, así que puede ocurrir lo mismo con el logro de la vacuidad. Cualquier experiencia que se tenga se pierde y no surge otra nueva. Es una situación muy difícil, ya que la mente se atasca, se queda enterrada, como una piedra que ha permanecido en el fondo del océano miles y miles de años, sin que el agua llegue a ella. O como un ardiente desierto, en el que no cae una sola gota de agua, en el que no hay humedad. La mente se vuelve así, nada crece, cualquier pensamiento que surge es negativo y siguen surgiendo ideas negativas con una gran facilidad, abrumando a la mente. Como si la cubrieran con suciedad y excremento, resecándola.

Se vuelve muy difícil tener pensamientos positivos, tales como reflexionar en las cualidades del guru. Aunque el guru sea un ser iluminado, uno no puede verlo ni como un bodisatva. Sólo se percibe como alguien egoísta y se ven sus defectos. Viendo solamente acciones negativas o sufrimientos físicos y mentales”.1

Entonces, ¿por qué teniendo una gran confianza en el Dharma esto sigue pasando? Al leer esto, pensé de inmediato en lo mala persona que habría de ser para tener que experimentar este vacío. Pero luego comencé a pensar que tal vez hay algo más sutil que pudiera estar ocurriendo. Todos, en alguna ocasión, no hemos seguido los consejos que nos dan y hemos dejado que surjan pensamientos negativos. Nuestros hábitos están tan profundamente arraigados, que incluso nos toma mucho tiempo poder poner en práctica logros sencillos. En occidente, fallar es una mala noticia. Con el fallo viene la culpa, y con la culpa la desesperación, las dudas y la baja autoestima, que son algo típico en la mente occidental. Por lo tanto, resulta útil investigar como nuestra cultura occidental influencia nuestra vida como Sangha, y en particular como este vacío espiritual puede convertirse en algo muy doloroso y ser la causa de dejar la ordenación al caer en la desesperación. Cuando nos ordenamos, somos sinceros en nuestra renuncia, pero tal vez no entendemos realmente lo que esto significa. A través de las ideas de Karen Horney2, podemos comenzar a explorar como nuestro desarrollo psicológico puede causar que perdamos ciertos aspectos importantes de la renuncia.

Nuestro primer brote de entusiasmo acerca del Budismo puede verse como un despertar que de forma natural nos conduce hacia la renuncia, la motivación clave para tomar la ordenación. A partir de ahí, nuestro camino de purificación se establece. Al principio la purificación no conduce a un vacío espiritual, sino todo lo contrario. Aunque tres meses de retiro de Vajrasattva sean difíciles, somos alimentados por la idea de que poco a poco estamos purificando nuestra mente. Incluso, aunque el conocimiento del resultado final esté incompleto o diluido, aún así seguimos con ánimo y este ánimo nos lleva a las situaciones difíciles. ¿Por qué la desilusión y el vacío nos afectan? La respuesta es debido a que en este punto aún no hemos abandonado el aferramiento a un yo inherente.

Desde luego dejar ir este falso aferramiento al yo es algo central en la filosofía y práctica budista. Conocemos las palabras, pero en realidad no es algo que hayamos experimentado. La percepción yóguica directa es la que libera de la ignorancia innata que se aferra al yo. Es fácil hablar sobre un yo ilusorio que existe inherentemente, ya que podemos referirnos al aferramiento del yo imputado. Podemos comprender los argumentos intelectuales, pero aplicar esto a nuestra psicología personal, es algo más difícil. En este punto, resulta útil recurrir a la psicología occidental. En particular, quiero introducir las ideas de “un yo ideal”, “un yo rechazado” y “un yo válido”. Separando de esta forma nuestra noción del yo, podremos entender con una mayor facilidad algunos de los factores del vacío espiritual.

El yo ideal es esa persona que nos gustaría ser. Creamos una personalidad ideal debido a cosas que nos motivan y cosas que no nos motivan de personas que son significativas en nuestras vidas, y en la forma en la que sobrellevamos esta influencia. Karen Horney, resume las diversas estrategias que adoptamos bajo tres posibles respuestas: moverse hacia los demás, moverse en contra de los demás y apartarse de los demás. Estos movimientos son los responsables de los diferentes tipos de “personalidad ideal”. Tendemos a tomar una de estas estrategias como nuestro principal aleado para sobrellevar la vida. Mientras más adoptemos una de ellas, mayor será nuestro rechazo hacia las otras dos. Entonces, estas estrategias se convierten en las dinámicas de una personalidad rechazada. Esta personalidad despreciada es lo que Jung llamó la sobra. Cuando hay una división fuerte entre la personalidad ideal y la personalidad rechazada, la renuncia se puede mal entender creyendo que consiste en refinar la personalidad que se busca y en reprimir la personalidad que se rechaza. Tomemos el ejemplo de una supuesta monja que ha optado por moverse hacia los demás como su estrategia principal o dominante. Esta monja, a la que llamaremos Venerable Linda, probablemente fue una niña pacífica que siempre intentaba satisfacer a sus maestros y a sus padres, una buena chica. Al crecer fue atraída por profesiones de ayuda en las que su habilidad para identificar adecuadamente lo que otros desean le fue de utilidad. Como estudiante budista, las enseñanzas sobre compasión y bondad amorosa tienen más importancia que las enseñanzas sobre vacuidad. La devoción al gurú es algo muy importante, ya que le permite moverse hacia la persona que enseñará en camino hacia la felicidad. Ven. Linda trabaja en la comunidad, tal vez visita hospitales o prisiones y es la persona que da la bienvenida al llegar a algún centro de Dharma. Es la monja con la que la gente disfruta hablar cuando tiene problemas.

Para ella, moverse en contra de los demás es visto como una agresión abierta, y apartarse de los demás es catalogado como una falta de compasión y bondad hacia otros. Piensa que las cualidades de moverse en contra o apartarse de los demás son degradantes, por lo tanto las relega a la personalidad rechazada. Ven. Linda se encuentra con el problema de que entre más se centra en desarrollar esa personalidad ideal y compasiva, genera a la vez más aversión la personalidad rechazada. Esto quiere decir que no puede manejar un conflicto abierto o desnudo, ya que es considerado como una cualidad de moverse en contra. Tampoco puede permitirse entrar en retiro (ya que es considerada una cualidad de alguien que se aparta de los demás).

Se involucra cada vez más con otros hasta el punto de quedar exhausta. Y ese momento, se preguntará si acaso la ordenación realmente le está ayudando en su camino espiritual. Ya que pareciera que está haciendo lo contrario. Para Ven. Linda, la renuncia se ha significado renunciar a esa personalidad que rechaza. Esto es algo fácil de hacer, ya que de cualquier forma ella lo hacía. En la primera fase de su purificación, intensifica erróneamente la barrera entre la personalidad ideal y la personalidad rechazada, ya que todas las cualidades negativas están en de un lado y las negativas de otro. Trabaja duro para eliminar el mínimo signo de enfado y cualquier necesidad de salir huyendo cuando alguien requiera su ayuda. Nosotros podemos ver esto, pero ella no puede. Ella tiene que ir más allá y no sólo renunciar a esa personalidad que rechaza. Ven. Linda cae exhausta. Ha trabajado tanto, ¿y para qué? Lo que tiene que hacer es un auto análisis cuidadoso y honesto, para darse cuenta cómo se ha dividido a si misma. Debe de soltar la idea que tiene sobre lo que es la esencia del camino budista. Dejar ir esa idea de querer alcanzar la personalidad ideal. En cuanto lo haga, los otros aspectos de su personalidad convencional surgirán. Integrará a ella la habilidad de decir que no, la cual ha sido vista como una agresión abierta así como la habilidad de sentarse a meditar enfocando su mente en un solo punto, la cual ha sido considerada como una forma de apartarse de los demás. En palabras de Carl Jung: logrará individualizarse. Ven. Linda no podrá soltar el aferramiento al yo mientras su entendimiento de ella misma sea parcial. Eso significa su percepción directa de la vacuidad va más allá de un simple ejercicio intelectual. Requiere valor, honestidad y paciencia.

Podemos hacer un análisis parecido para aquellos miembros de la Sangha que optan por la estrategia de moverse en contra de los demás. Tomemos como ejemplo a un monje (para balancear esto), y llamémoslo Venerable Armando. Un hombre dinámico que le gusta estudiar y debatir. Está listo para afrontar a las autoridades, puede regirse bajo un presupuesto y es un administrador excelente. A Ven. Armando no le importa lo que la gente piense de él, más bien le interesa que se hagan las cosas. Tiene la misión de establecer el Budismo en el occidente. Lo que rechaza en él mismo es lo que él llama emocionalidad, mostrar un lado femenino o huir de los problemas. La personalidad que rechaza se compone de las cualidades de alguien que se mueve hacia los demás y de alguien que se aparta de los demás.

Para Ven. Armando, el vacío espiritual aparece cuando no tiene nada que hacer. Cree que soltar el aferramiento al yo es aferrarse a su energía y dinamismo. Al fin y al cabo, no está aferrando a las cualidades de alguien que se mueve hacia los demás ni de alguien que se aparta de los demás. En realidad no puede entender el aferramiento al yo, ya que su visión de si mismo es parcial y está dividida. Y finalmente, tenemos alguien que sigue la estrategia de apartarse de los demás, llamémosle Venerable Soledad. Sintió atracción por el Budismo debido a que los budistas meditan. Al igual que Ven. Linda y Ven. Armando, Ven. Soledad puede utilizar el Budismo para acercarse más y más a la neurosis. Ven. Soledad está trabajando duro para poder hacer un retiro de 3 años. Le es difícil entender la relevancia de los estudios y no tienen interés en trabajar en un centro de Dharma. Tal vez se involucre en este tipo de tareas si siente que le ayudarán a poder realizar un retiro, pero más bien siente que son interferencias.

Discretamente, desprecia a la Sangha que no práctica meditación, ¿qué no es necesario meditar para alcanzar la iluminación? No le agrada estar con gente ya que interfieren en su práctica meditativa y la personalidad que rechaza está compuesta por las características de moverse en contra de los demás y moverse hacia los demás. Para Ven. Soledad, el vacío espiritual aparece cuando no se le permite meditar y está convencida de que su aferramiento al yo no está implicado con actividades relacionadas con moverse en contra de los demás y moverse hacia los demás. El vacío espiritual y la desilusión aparecen cuando vemos a nuestro camino espiritual como un sendero que nos permite alcanzar esa personalidad ideal que buscamos. Esto es muy diferente a entender el Budismo como un camino para poder encontrar una personalidad válida en su estado totalmente purificado. La personalidad válida es simplemente la personalidad convencional que existe actualmente, cosas buenas y malas que tienen ese potencial de alcanzar la budeidad. En la práctica, esto es lo que quiere decir dejar la agenda secreta atrás de nuestra ordenación. Y esto es distinto para cada individuo. Nuestra agenda secreta está relacionada con alguna de las estrategias que hemos adoptado. Y no es difícil ver como una de estas categorías tiende a dominar nuestra vida, otra de ellas puede ser aceptablemente razonable y la tercera sería algo bastante difícil de aceptar seguir. Es cuando penetramos o confiamos en esa tercera cuando sentimos que hemos fallado, ya que estamos dentro de lo que consideramos una personalidad rechazada. De la misma forma, sino nos abrimos a esa personalidad rechazada, no podremos acceder a sus cualidades positivas. Además, debido a que creemos que nuestro camino espiritual va a reforzar esa personalidad ideal, nos enfadamos o desesperamos cuando por las circunstancias o por el mismo gurú somos arrojados a esa personalidad que rechazamos.

Si seguimos los consejos del gurú, necesariamente tendremos que confrontar a esa personalidad que rechazamos. Y esto puede verse como si nos estuvieran echando fuera de nuestro camino espiritual, ya que éste se ha adoptado para lograr esa personalidad ideal. En este punto el gran peligro es culpar a nuestro maestro por lo mal que nos sentimos, o culpar a nuestro centro de Dharma por exigirnos demasiado o al Budismo mismo, o a la incompetencia de otros o a nuestra ordenación.

Toda la Sangha somos diferentes y todos tenemos distintas habilidades. Y cada una de estas habilidades tiene su valor. Saber esto puede ser una poderosa herramienta para nuestro camino personal así como para desarrollar una comunidad monástica compasiva. Por lo tanto se valiente. El vacío espiritual es parte de nuestro camino y no una distracción del mismo, aunque éste haga que dudemos y que incluso sea la razón por la que algunos miembros de la Sangha dejen sus votos. En lugar de tener miedo y desilusionarnos, tenemos que comprender más a fondo este camino y entendernos a nosotros mismos, siendo muy honestos y teniendo el valor para hacerlo. Nuestro apoyo en esta gran tarea es nuestro refugio y nuestra devoción al guru. Venerable Tenzin Chongyi (Dra. Diana Taylor), es maestra occidental y residente del Instituto Vajrayana de la FPMT, en Australia. Discípula de SS. el Dalai Lama y Lama Zopa Rimpoché, ha sido monja por más de 10 años y es conocida por su facilidad en presentar las enseñanzas budistas de manera práctica y adaptadas a un contexto occidental.

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